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“Nos están dejando solos”: mujer indígena rompe el silencio y denuncia asedio criminal en Acachuén mientras el gobierno guarda distancia

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • 13 may
  • 2 min de lectura


Con el rostro cubierto por un rebozo, un megáfono en mano y el miedo evidente en cada palabra, una mujer indígena denunció públicamente el clima de violencia e intimidación que, asegura, vive la comunidad de Acachuén, en la región de la Cañada de los Once Pueblos, donde habitantes acusan un creciente asedio del crimen organizado y abandono por parte de las autoridades.


La manifestación realizada en Morelia volvió a encender las alarmas sobre la situación de seguridad en las comunidades indígenas de Michoacán, particularmente después de los enfrentamientos registrados la semana pasada que dejaron dos comuneros muertos y varios lesionados.


La mujer, quien decidió ocultar su identidad por temor a represalias, aseguró que la población vive bajo tensión permanente y sin capacidad real para defenderse.


“No tenemos herramientas ni suficientes voluntarios”, expresó al exigir la intervención inmediata de la Secretaría de la Defensa Nacional para asumir el control de la seguridad en la comunidad.

El mensaje fue contundente y revelador: mientras los discursos oficiales insisten en estabilidad y coordinación institucional, en varias regiones indígenas la percepción es completamente distinta. Comunidades enteras sienten que quedaron atrapadas entre grupos criminales, autodefensas debilitadas y autoridades ausentes.


La protesta derivó incluso en bloqueos sobre la carretera federal que cruza la zona, una medida desesperada para presionar al gobierno estatal y federal a intervenir antes de que la violencia escale todavía más.


Pero el fondo del problema parece ir más allá de un conflicto aislado. La Cañada de los Once Pueblos se ha convertido en otro de los territorios donde las comunidades indígenas denuncian sentirse abandonadas frente al avance del crimen organizado, mientras las autoridades reaccionan tarde o simplemente administran la crisis desde los escritorios.


La manifestante anunció además una movilización regional respaldada por otras comunidades purépechas, dejando claro que el descontento ya no pertenece solamente a Acachuén, sino a una región cansada de vivir entre retenes improvisados, miedo y silencio.


El caso vuelve a exhibir una realidad incómoda para el gobierno michoacano: mientras se presume coordinación en seguridad y reducción de delitos en conferencias oficiales, en las comunidades indígenas continúan apareciendo denuncias de desplazamiento, violencia y ausencia institucional.


Y en medio de ese vacío, los pueblos vuelven a hacer lo que históricamente han hecho en Michoacán cuando sienten que nadie los escucha: bloquear carreteras, levantar la voz y salir a exigir seguridad por su cuenta.

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